Todo continuó, los complejos eran cada vez más fulminantes, cuando alguien hablaba a sus espaldas no podía evitar pensar que eran críticas hacia ella, estaba destrozada. Y aún siendo tan frágil se mostraba dura y hostil. No quería que nadie pensara que era débil. Cada insulto o crítica le hundía más y más, pero ella resistía indiferente para luego al llegar a casa, llorar y gritar con una almohada en la cara para que nadie la escuchase.
Juan seguía sin ni siquiera dirigirle la mirada y aún así ella se repetía ''no merece la pena estar así por nadie'', aunque por mucho que se lo repetiera iba a seguir teniendo la autoestima por debajo de cero. De ahí empezó a buscar un ''remedio'' para que le quisiese, y dejó de comer.
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