jueves, 23 de febrero de 2012
Siempre igual.
Al cabo de un tiempo los padres de Marta empezaron a sospechar y le vigilaron comida tras comida para que no se dejara nada. Pero su inmenso miedo a engordar hizo que empezara a provocarse el vómito. Ya no tenía ningún contacto con Juan, pero cada vez que le veía se clavaban mil astillas en su pequeño corazón de porcelana. Se notaba los huesos al tacto, el problema es que no los veía y quería que se vieran, así que siguió y siguió. Hasta que empezaron los mareos, dolores de cabeza, palidez... Ya estaba arta de hacerlo pero se decía a sí misma que merecía la pena pasar por eso. Poco a poco fue ''dándose cuenta'' de que Juan no le merecía. Se autoconvencía de que lo mejor iba a ser olvidarlo, (cosa que no logró olvidar) pero cuando quiso parar no pudo y cada mílesima de segundo tras una comida sufría diciéndose ''estoy bien, no tengo por qué hacerlo'' pero al final no aguantaba más e iba dolorida a ''expulsar sus penas''.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario